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Mea Culpa

Emilio una vez más asiste a la casa de un antiguo amigo, gente conocida y otras no. Estaba bebiendo un combinado, mientras miraba a los asistentes y a la vez observaba la televisión. Estaban viendo el programa Mea Culpa en el cual contaban la desaparición de una mujer de nacionalidad dominicana.

Emilio estaba parado frente a una mesa, viendo cada detalle del programa, mientras los demás asistentes conversaban sobre anécdotas pasadas.

Cada detalle relatado por la voz de Carlos Pinto estremecía a Emilio y activaba su memoria, primero porque este caso pasó en la comuna de Quilicura muy cerca de donde se desarrollaba esta junta de amigos.

La mujer dominicana habría desaparecido en plena calle, abordada por un solitario hombre que hasta ahora no ha sido encontrado.

A medida que caía la noche, la casa recibía a los amigos rezagados. Emilio miraba un costado de una pared por donde corría un líquido entre blanco y amarillento, la dueña de casa hizo mención minutos antes de esta gotera, diciendo que el techo tenía una filtración.

Mientras conversaba con un amigo, no dejaba de mirar el programa, el cual se hacía más interesante. Mostraban la calle por donde él se iba habitualmente de vuelta a su casa y el posible lugar donde había desaparecido la mujer; el relato le hacía sentido. Entonces empezó a sacar cuentas, cuántas veces había pasado por ese lugar, pero eran tantas veces que no lo pudo precisar. La hora en que desapareció la mujer coincidía con la hora en la cual Emilio se iba de vuelta a su casa.

Un desconocido, el cual llevaba puesta una casaca de cuero negro y un peinado hacia atrás, se acerca a Emilio. Impresionados por el caso hacen señales con sus cabezas como diciendo “cómo puede existir gente así”, mientras a cada ciertos minutos se llevaban sus vasos a la boca saboreando los combinados.

La memoria de Emilio era sometida a nuevas interrogantes por el monólogo del periodista, el cual empieza a sentir un gran sentimiento de culpa.

Empezó a calcular que el día de la desaparición de la mujer, él iba camino a su casa, pero no recordaba cómo llegó, sólo recuerda que al otro día despertó en su cama, un poco mareado.

Al mostrar fotos de la mujer, empezó a activar su memoria y recordó su cara, también se acordó que la abordó en la calle sin ninguna razón, la tiró a unos matorales cercanos, quién sabe con qué intención. Entonces comprendió que él había sido el atacante.

La gotera que fluía por la pared empezó a tomar un olor fétido, pero sólo Emilio se lograba dar cuenta. Entonces recordó que a esta mujer la dejó en el entretecho, no sabe cómo lo hizo pero logró subir su cuerpo envuelta en unas frazadas.

Su culpa crecía a medida que el programa avanzaba. En eso estaba cuando miró a la persona que lo acompañaba y le dice “yo maté a esa mujer”. Inmediatamente su acompañante, el cual era un desconocido, saca su mano derecha de su bolsillo y se lleva el dedo índice a los labios en forma enérgica, como diciendo “¡¡¡cállate!!!, ¡¡¡estás curado!!!”. Luego se despidió y se retiró. Emilio observa a este misterioso hombre de unos cincuenta años aproximadamente, lo sigue con su mirada y lo ve subir a una patrulla de carabineros que se encontraba estacionada a unos 80 metros, en un lugar en donde abundaba la oscuridad…

Continuará…

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